¿Quién era San Valentín?

    Y... ¿quién era San Valentín? Hoy diríamos que fue un rebelde. Corría el año 270 cuando el emperador romano Claudio II prohibió a los miembros de su ejército que se casaran, con el argumento de que los hombres casados eran malos guerreros y servían mal las necesidades del Imperio.

    El obispo Valentín se opuso al decreto y promovió el matrimonio entre las jóvenes parejas de enamorados, quienes acudían a la iglesia a contraer nupcias en secreto. En vano Claudio II le exigió al obispo rebelde que cumpliese con la prohibición, pues Valentín continuó celebrando matrimonios en la clandestinidad.

    El 14 de febrero el obispo cristiano fue decapitado, tras ser apaleado y lapidado por órdenes del emperador.

    En el siglo V de nuestra era, el papa Gelasio instituyó el 14 de febrero como el día de San Valentín, patrón de los enamorados.

    Mientras estaba en prisión, los días previos a su muerte, Valentín se enamoró de una ciega a la que por la fuerza de su fe devolvió la vista. Al despedirse, el obispo dejó un mensaje para su amada que firmó “De tu Valentín”. De allí nacen muchas tradiciones que hoy día conservamos.
 
 

Leyendas de amor

¿Por qué los enamorados firman sus cartas con XXX, o XOXO?

    Esta costumbre se remonta a principios de la era cristiana, cuando una “X” escrita tenía la fuerza de un juramento. La cruz era un símbolo doblemente religioso, ya que hacía referencia a la cruz del Calvario y también a la primera letra del nombre de Cristo en Griego, Xristos.

    En aquellos tiempos mucha gente no sabía escribir, de forma que firmar con una “X” era legalmente válido. Para subrayar la absoluta sinceridad en un acuerdo, con frecuencia besaban esta marca, de la misma forma que besaban la Biblia cuando juraban sobre ella. Esta costumbre de besar la “X” fue lo que convirtió este signo en símbolo de un beso.

    Cabe destacar que durante la II Guerra Mundial, los gobiernos británico y americano prohibieron a los miembros de sus fuerzas armadas añadir “XXX” a sus cartas, por temor a que los espías infiltrados pudieran enviar mensajes clandestinos codificados como besos.
 
 

¿Por qué se envían tarjetas?

    Desde el origen de las fiestas en honor de Lupercus, los jóvenes romanos de ambos sexos buscaban a sus parejas a mediados de febrero. Cuando estas fiestas paganas fueron prohibidas por la Iglesia católica, los jóvenes romanos decidieron continuar con la tradición de enviar cartas de amor a las jóvenes que querían cortejar cada 14 de febrero. Era típico firmar estos mensajes con el pseudónimo de San Valentín. La más antigua de las que se conserva fue enviada en el año 1415 por Carlos, duque de Orleans, a su esposa, mientras estaba preso en la Torre de Londres. Actualmente, se exhibe en el Museo Británico.

    En el siglo XVI, San Francisco de Sales, obispo de Ginebra, intentó acabar con esta costumbre. Sin embargo, lo único que consiguió fue que las tarjetas se hiciesen más famosas todavía y más decorativas. Cupido, el querubín desnudo armado con un montón de flechas empapadas en una poción amorosa, se convirtió en la popular imagen de estas tarjetas que todo el mundo conocía como “las valentinas”.

    En el siglo XVII había grandes tarjetas dibujadas a mano y empezaban a venderse también en las tiendas, aunque estas eran más pequeñas y mucho más caras. Poco a poco, el proceso se fue mecanizando y pronto se imprimieron con versos y dibujos. Todo ello, unido a una estupenda rebaja de las tarifas postales, hizo que a partir de ese momento las valentinas viviesen su “edad de oro”.